El bicho da a conocer su cabeza medianamente humana, su ropaje cubierto de selva y las alas que nacen de su espalda. Se reconoce y luego observa su hogar: Anda a cien ojos con la superficie colmada de líquenes, saluda a las raíces, dándole las gracias por permitirle germinar, hasta que de pronto siente cómo otro bicho existe junto él.



Cara a cara, examinan su andar y colores. No están solos. Junto a ellos reptan unos bichos, otros vuelan con membranas que parecen romperse con el viento, y otros, a quienes el infame bicho juró amar, vuelan con un ropaje cubierto de plumas y chillan como los bípedos implumes que hacían huir a los duendes del lugar.


Tierra dio a luz. El germen de entelequia también huye de los humanos. Si alguien lo ve, no lo debe asustar y tampoco alejarse. Pues cada cierto tiempo, el germen se da a conocer y puede convertir a los implumes en gigantescas raíces. Y así, el ciclo vuelve y Tierra dará a luz, y Tierra será umbral y arranque de toda existencia.



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Cuento e infame bicho: AleinadNnes
fotos: Medussa
idea: Ambos (mutantemegáfono)


